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Terra
La Coctelera

“LA LEYENDA DEL EDÉN”

“La Diosa sin ombligo”

“AGRIPA”

En una sala de conferencias, abarrotada de publico. El Profesor Mario Leone, va ha dar una conferencia, sobre “El Edén”,

El Profesor un hombre joven: bebe un sorbo de agua de un baso que tiene a su alcance, y con voz modulada y pausada, toma la palabra:

En mis innumerables viajes por la selva tropical del Amazonas.

Descubrir una singular tribu, cuyos orígenes se remontaban ha

los primeros seres que pisaron nuestro Planeta, “Los Lumitas”.

Esta tribu siempre estuvo gobernada por mujeres: Akíma “ La luz que piensa” era su Reina.

Hablaba el Francés y me contó la leyenda del Edén, que su tribu

guardaba y trasmitía oralmente de generación en generación.

“Cuando el CREADOR del Universo, se tomo un respiro, para diseñar el Edén, se dio cuenta de pronto, que estaba muy solo, en sus inmensos dominios.

Y tomo la decisión de crearse, un ayudante, con quien compartir

la ardua tarea de ir decorando, planeta por planeta y galaxia por galaxia.

Para lo cual extrajo un poco de la misma materia, Universal de la que el mismo, estaba hecho. Y creo ha un ser excepcional y supremo.

Ya que lo doto con inteligencia y poder creador; y lo llamo MAJOR.

Y los dos, se enfrascaron en el diseño, de los animales que esperaban, poblarse la Tierra.

En el curso de esta tarea, empezaron las pequeñas diferencias, entre maestro y discípulo.

Que estallaron cuando hicieron al primera pareja de seres humanos.

El CREADOR, los hizo de “Barro y Lodo” de la Tierra, una pobre materia, que se seca, se hace vieja, y se convierte en polvo.

Mientras que MAJOR, expuso su criterio: que habiendo tanta materia imperecedera, en el Universo; ¿por qué no crearlos de dicha materia eterna?.

Mas el CREADOR, fue categórico:

-¡El Universo y tu y yo somos ETERNOS. Pero los animales, y entre ellos incluyo, la pareja que hemos dado en llamarlos humanos, deben de nacer, envejecer y morir.

Es más, para poder disfrutar de su estancia en el Edén, deberán

no probar la fruta del árbol prohibido, la MANZANA.

La manzana es un fruto simbólico. El no probar de ella, significa obedecer ciegamente.

Y aquí vio MAJOR su oportunidad de incluirse, en la decisión y manipulación del Edén.

Tenia que introducir un animal, que sembrara la discordia dentro del orden establecido; una serpiente.

MAJOR, fiel a su criterio, rehúso emplear el barro y lodo de la Tierra, para crear ha su serpiente; y la confecciono con la materia prima del Universo.

Dotándola con el dualismo, de poder convertirse en cualquier animal, que esta, tuviera necesidad.

Y la inteligencia suficiente, para saber cuando y como influenciar y sembrar la discordia, en aquel Edén.

Y la bautizo con el nombre de AGRIPA.

Más la inteligencia intuitiva de MAJOR, no quería enemistarse con Adán: al que el CREADOR le dio la fuerza y con ella el poder que la misma proporciona:

Y ha Eva por medio de AGRIPA, le otorgo la sensibilidad he inteligencia, y permaneció como compañera del hombre.

Y así fue que durante siglos y siglos, el hombre ha mantenido su supremacía sobre el poder.

Dentro del dualismo de AGRIPA, esta prefirió trasformarse en mujer.

Y cada cuatro siglos, tomaba su forma original; se apareaba y engendraba un huevo.

Del cual salía la nueva Agripa, llena de vitalidad, fuerza y sabiduría, para cumplir su destino.

La misión de esta eterna y excepcional ser, es la de acabar con la supremacía del hombre sobre la mujer.

Sistemáticamente Agripa, ha ido filtrando en la mente de las mujeres, de que pueden y deben tomar las riendas del poder mundial.

Más este asalto al poder, debe realizarse sin traumas, ni fuerza física. La inteligencia debe en todo momento, prevalecer sobre la fuerza.

El hombre debe aceptar este relevo, convencido de su inferioridad, para gobernar con armonía y establecer la Paz entre los pueblos.

Guerra y mas guerras han ido escalonando, su mandato sobre la Tierra.

Hoy en nuestra actualidad, la SOCIEDAD MUNDIAL vive sobre un POLVORIN, que puede hacernos saltar por los aires, y convertir nuestro planeta en simples meteoritos, que deambulen por el espacio.

El final del poder por la FUERZA, esta llamando ha la puerta.

¿Podrá la INTEGENCIA tomar el relevo, sin aplicar represarías.?

No olvidemos las atrocidades que los hombres hemos cometidos y continuamos cometiendo con las mujeres, amparados por las Leyes que los hombres hemos aprobado.

¿Es una pregunta que dejamos flotando, para las próximas generaciones¿.

Agripa esta entre nosotros, convive en nuestra sociedad.

Cualquiera de ustedes puede tropezarse con ella, en el lugar mas inesperado.

¡Yo he tenido la suerte de conocerla.!

Y vosotros también, si continuas atentos ha los acontecimientos, que diaria mente nos sorprenden;

¡VIGILAR!

Ya que somos ¡VIGILADOS.!

“EL HOMBRE DEL TRAJE OSCURO “

A la puerta de la casa de los Barrutieta un grupo de vecinos del pueblo se habían reunido para despedir al hijo del Anselmo que se marchaba ha Alemania.

Dentro de la casa y en la habitación del hijo, la señora Venita volvió a preguntar:

-“ -¿Estas seguro que no te ara falta para algo Ángel?-.

-“ ¡Que no madre!.” Ya no se usa y menos ha donde boy-.”

Y la buena mujer tomo amorosamente la negra sotana del hijo y la guardo en el cajón central de la cómoda, junto a su velo de novia y la cartilla militar del padre.

Del zaguán de la casa llego la autoritaria voz del padre:

-“ ¡Ángel!. El taxi esta a la puerta “.

Ángel cerro la maleta, beso a sus padres, se despidió de sus paisanos y se alejo del pueblo; mientras que bajo el ojival portalón de la casa, quedaban los padres con las carnes secas y húmedas las almas.

En el cómodo y potente reactor de la compañía Iberia que lo trasladaba al país de los niños de la llave al cuello. Ángel recordó las palabras con que el obispo lo reconforto, el día en se fue ha despedirse de él:

-“ El emigrante español en Europa, necesita de vosotros jóvenes sacerdotes. Para salvaguardar sus principios morales y religiosos. Baluarte espiritual de unos seres humanos, que aprisionados en el engranaje de un sistema económico tienden a desarraigarse de sus orígenes. Fundamento básico de nuestra sociedad católica”.

Ángel dibujo en sus delgados labios una misericordiosa sonrisa y dando licencia a su mística fantasía; la colgó en el incoloro mundo de los muertos-vivos.

Ese mundo que construido con el desgastado metal de millares de campanas, se resiste a perder su eco. Eco que esta siendo mitigado por el ensordecedor estruendo de las maquinas y el histérico alarido de quienes se cogen los dedos o las manos en ellas.

Y es que para Ángel que sabia de la vida a través de libros de teología, esta solo tenia aromas de incienso.

Una azafata de cara de muñeca y pantorrillas de amazona, le puso bajo sus narices una bandeja con canapés y una copa de champán y ya nuestro jovencísimo sacerdote no pudo más, y mentalmente impartió su bendición sobre las nubes.

¡La fabrica!, cuerpo de cemento y retorcidas entrañas de hierro. Proyectaba su poder sobre los barracones de madera que encuadrados por una alta y tupida alambrada de espinos, formaban estrechas calles de fangoso y embarrados suelos.

Varios centenares de hombres, solos de distintas nacionalidades, huérfanos de principios y preñados de pasiones; ponían con su presencia en aquellas barracas, pegotes de bermellón en los pálidos rostros de las leyes y de los dioses.

En el barracón número siete y en la habitación cinco. Fermín en meditativo silencio, apuraba la quinta cerveza de la tarde.

“Cuanto se acordaba de su mujer, si ella estuviera junto a el; estar en Alemania seria mas llevadero. ¿Pero como conseguir alquilar una habitación en el pueblo, si en cuanto

notaban que eras extranjero te cerraban la puerta.

Ellos habían ido ha trabajar y ese era su máximo derecho. Eran simplemente “Gastarbeiter” -trabajador invitado-.

Arturo que escribía a su mujer, pregunto indeciso:

-“ ¿Crees Fermín que estos “cornudos” nos renovaran el contrato al terminar el año?”.

El aludido contesto saliendo de su mutismo.

-“ No lo creo, la renovación significa una subida salarial y con tal de no aumentarnos nos mandaran a casa y volverán a traer a otro “rebaño” que les harán el mismo trabajo y sin tener que soltar una sola “ peseta” de más.”

-“ ¡ Que cabrones que son ¡”.

Replico Arturo.

Agustín desde encima del camastro en donde estaba tumbado contrarresto, con su mal contenida agresividad:

-“ Si tenéis razón, son cornudos y cabrones; pero no los alemanes , si no nuestros políticos españoles, que nos han cedido como mano de obra barata, sin imponer condición ni ventajas para nosotros.

Con el único cometido de mitigar el paro que hay en algunas regiones españolas y mantener el aparente bienestar del país.

Por la entreabierta puerta de la habitación, asomo la cabeza un individuo moreno de descarnadas facciones y ensortijada pelambrera, que pregunto a la par que se introducía en la misma:

-“ ¿Queréis número para lo de esta noche de sábado?”.

-“ ¿Qué valen?”.

Pregunto Fermín.

-“ ¡Quince marcos, como las otras veces!”.

-“ ¿Y cuantos habéis hecho?.”

Quiso saber Arturo, con los quince marcos en la mano.

El tipo moreno de los cabellos ensortijados, a la par que le acercaba una bolsa de neceser en la que estaban ya mencionados números, respondió:

“ ¡Pues tantos como “tios” vivimos en el barracón. ¡Quince!”.

Aquel fin de semana, por la noche los faros del coche que se detuvo a la entrada de la alambrada tapia; rasgaron con malsana curiosidad la penumbra en que yacían accidentalmente marginados aquellos hombres que tomaban del esmalte de la noche el tenue brillo de sus opacas existencias.

El conductor del vehículo un hombre joven de traje oscuro y corbata negra, se adentro decidido, entre los barracones.

Faustino en camiseta, con una toalla al hombre y una palangana con agua y una pastilla de jabón a sus pies, consumía su impaciencia, manoseando el cuadriculado papelillo con el número quince impreso en que sostenía en sus manos. A la puerta de una habitación esperaba su turno.

-“ ¡Buenas noches ¡.”

La voz del hombre joven de traje oscuro y negra corbata, resonó en el cerebro de Faustino como uno de aquellos diestros trallazos, con que el solía hostigar, al caballo en la era, mientras trillaba el trigo, allá en el campo.

-“Perdone si le he asustado.”

Se disculpo el hombre joven del traje oscuro y negra corbata.

-“ No que va,…bueno ¡si!.,,un poco. Es que estaba pensando en otras cosas, y como no lo he visto llegar”.

“ Si claro.,,,comprendo”.

Corroboro el hombre joven del traje oscuro y corbata negra.

-“ La patria, el pueblo, la familia, quizás la esposa y los hijos.”

-“ ¡Si.,,si la esposa y los hijos y todo eso,,,claro; digo yo, usted no es de esta barraca ¿ verdad?.”

-“ ¡No yo ,,vivo,, en Pforzheim a unos cuantos kilómetros de aquí. ¿Busco a Fermín Ocaña?, somos paisanos y le traigo recuerdos de su esposa y familia.”

-“ ¡A si Fermín,,,! lo conozco,,,vive en esta habitación; esta dentro, ¿pero no se como decirle,,,,.”

Con espontánea ingenuidad, el hombre joven de traje oscuro y negra corbata, argumento:

-“ No se preocupe nos conocemos muy bien y se que voy a darle una gran sorpresa. ¡Le traigo una carta de su mujer.”

Y abriendo la puerta entro en la habitación.

Dos hombres desnudos de pie en el centro de la habitación “manoseándose” el pené le miraron temerosos; la muchacha rubia de ojos azules y marcadas ojeras, que encima de un desordenado camastro, recibía indiferente las torpes caricias de un tercer hombre, esbozo un gesto de hastió, y el que estaba con ella; barboteó incrédulo:

-“ ¡Hostias!.?Pero que hace usted aquí, Don Ángel¿.”

Han pasado los años y Ángel al que hicieron sacerdote en un seminario; pero que hombre se hizo entre los emigrantes con sus necesidades físicas y miserias morales. Continua en la emigración: más nunca ha vuelto a traspasar una puerta, sin antes no llamar, y preguntar en voz alta “ Se puede pasar”.

“AULLANDO A LA LUNA”

Evaristo era un hombre joven y fornido, y desde que volviera de la emigración trabajaba en la construcción, de encofrador; un medio ambiente duro, donde la bebida resulta un complemento, casi, necesario.

Y Evaristo se fue deslizando por ella, hasta convertirse en un alcohólico, que solo

Conseguía estar ebrio los cuatro primeros días de la semana y el viernes por la tarde cuando su jornada había terminado, su agresivo metabolismo reclamaba su “porción”

semanal que daba fe a su existencia machista.

Y como la mayoría de esta clase de personas, demostraba su “hombría” entre las cuatro paredes de su hogar, con su débil e indefensa esposa a la que martirizaba y violaba, dando así satisfacción a su frustración como unidad, dentro de la sociedad, a la que creía pertenecía.

Pero Evaristo también fue niño y el, como todos los niños, en su día represento una “página” en blanco, donde se podía haber escrito un comportamiento distinto; mas nadie supo hacerlo, no porque no quisieran; si no por que no sabían.

Y el germen rudimentario de su incipiente ser, que llevaba en sus orígenes prevalecía latente en su modo de hacer y deshacer, en medio de una sociedad donde prevalece un arcaico sentimiento orgulloso, de hombres ibéricos.

El medio ambiente de sus progenitores, había impregnado su sensibilidad infantil, hasta encontrar natural el maltratar a sus mujer, como el había visto hacer, a su padre con su madre.

Maria su esposa había sido una muchacha alegre y divertida, pero la perdida de dos embarazos, le había hecho perder su alegría de ver la vida.

Al principio de los malos tratos, Maria intento comprenderlos por el hecho de no tener

hijos y sintiéndose culpable; casi los justificaba en parte, los abusos ha que la sometía su marido.

Después poco ha poco fue comprendiendo, que Evaristo era así y que difícilmente podría cambiarlo.

Vivian en un pueblo pequeño, cerca de la ciudad; en una casa de una planta con un pequeño huerto.

Lo tenían todo, para haber sido un matrimonio, como otros muchos, que en medio de su vulgar existencia, ser relativamente felices.

Pero no fue así. Y su convivencia se había convertido, en un autentico calvario

En un par de ocasiones había acudido a la guardia civil del pueblo, mas la benemérita no le hizo mucho caso; ellos conocían a Evaristo y les constaba que era una buena persona, que bebía un poco, todos los hombres beben. ¿ Que se le escapaba de vez en cuando una hostia y la recibía la mujer?. ¿Y en que casa no pasaba eso?.

-“Ahora si usted quiere ponga una denuncia, traiga unos testigos y la tramitaremos.

¿Pero piense en las consecuencias que esto tendrá en sus vidas. En un pueblo tan pequeño como es este, en donde todos se conocen,,,?.

Y esa fue la ayuda que recibió de las autoridades, del lugar donde vivían. Por lo tanto decidió callarse y aguantar lo que pudiera.

Evaristo una noche cuando regresaba de su trabajo, encontró en la carretera a un cachorro abandonado y se lo trajo a casa.

Maria desde el primer día le tomo cariño, lo cuidaba y mimaba tal vez con exceso, pero es un hecho casi normal, en una mujer que no había podido tener hijos; y volcaba en el cachorrito, parte del cariño, que no había podido depositar, en el hijo que no tubo.

Al principio el perro estuvo suelto y correteando por el pequeño jardín. Pero ha medida que se fue haciendo grande lo tenían atado ha un costado de la casa; el cachorro se había convertido en un pastor alemán de respetables proporciones, Maria le había puesto el nombre de “Sultán” ella decía, ¡que por su porte arrogante y noble!

Y “Sultán” era el paño de lágrima de Maria cuando los fines de semana, era acosada y martirizada por su marido.

Los viernes por las noches cuando regresaba al hogar, borracho, golpeaba a su mujer y la violaba con un furor casi salvaje. Cuando terminada su “faena” entre los lloros y lamentos de su mujer.

Evaristo se quedaba dormido como un tronco.

Quienes no dormían era su mujer, quien salía de la casa, se iba ha donde estaba atado “Sultán” lo soltaba y abrazada a el, le contaba sus penas y amarguras, y con ello al parecer sentía consuelo y alivio, a su destrozada existencia.

El perro la escuchaba cual si la comprendiera, y de vez en cuando, el animal volvía la cabeza, hacia donde dentro de la casa ronca el amo, y un aullido dirigido a la Luna surgía de su garganta, era un aullido lastimero y prolongado.

Un viernes por la noche “Sultán” que siempre estaba atado, había quedado suelto y Evaristo más bebido que de costumbre, llego a su casa, paso por delante del perro y le soltó una patada, que el animal esquivo con agilidad, el hombre entro en la casa, fue directamente hacia donde estaba Maria, planchando la ropa de la colada y si mediar palabra la cogió de los cabellos y la tiro al suelo, le dio una patada en el costado, le rasgo la ropa incluidas las bragas, la puso de cara al suelo y la penetro por detrás, con desaforada rabia.

Maria lloraba y suplicaba mientras Evaristo, la gritaba y insultaba, de pronto una sombra cruzo la ventana de la habitación que estaba abierta y “Sultán” cayo de pies ante Evaristo, que de momento quedo paralizado ante la amenazante presencia del animal, que con los ojos inyectados en sangre lo miraba fijamente.

Evaristo reaccionó y dejando a su mujer titada en el suelo, intento golpear al perro, pero este burlo la torpe acometida del hombre y ataco a su vez al amo; clavando sus fuertes mandíbulas, en la garganta del hombre, que intento desprenderse de la fuerte presión, que sobre la misma ejercían las del animal; forcejeo unos segundos y cayo a los pies de “ Sultán” con la yugular seccionada, ¡estaba muerto.!

Maria con una sorprendente frialdad, miro a su marido; beso al perro y le dijo:

-“ Huye “ Sultán,” yo te buscare, o me buscas tu a mi, da lo mismo. ¡ No te pasara nada!. Y juntos comenzaremos una nueva vida, en algún lugar donde podamos reorganizar nuestras vidas. Lejos de la indiferencia de las Leyes, que los hombres han dictado, para salvar hipócritamente sus conciencias.

Los ojos del perro se humedecieron, lamió la cara de Maria y salio corriendo no sin antes, alzando la cabeza, y se puso a aullar a la Luna, mas ya no fue un lastimero aullido, mas bien sonó como un gruñido de desafío, ronco potente y corto.

Maria se cambio de ropa, se lavo la cara y se peino ligeramente y se sentó tranquilamente al teléfono y llamo a la guardia civil:

-“ Si,? es el cuartelillo?. Deseo denunciar un accidente. Mi marido ha venido borracho ha casa, se ha puesto a golpear al perro y este se le a revuelto y lo ha cogido de la garganta y lo a matado,,,no,,no el perro no se donde esta a salido corriendo.

Bien les espero, no tarden por favor.

“ZANCADILLAS DE HIELO”

Aquel año fue tan mala la cosecha de trigo en el pueblo de “Manolito”, que hasta el cura, que ya es decir, tuvo que encargar las Sagradas Hostias a la capital. Para así poder continuar repartiéndolas entre sus feligreses.

Si llegaría a ser critica la situación de aquellos campesinos, que a San Chusco, Patrón del pueblo le “desapareció” de entre las manos el panecillo de yeso con que el Santo testimoniaba su nombre.

El señor Cipriano alcalde del pueblo, y mientras llegaba contestación a la solicitud de ayuda cursada al Ministerio de Agricultura, recomendó ¡tranquilidad!, que es lo primero que recomienda todo funcionario público cuando no sabe qué “tecla” va a sonar.

“Manolito” de momento , guardo tranquilidad. Pero a medida de que los meses fueron pasando sin que la solicitada ayuda llegaras y al ¡tranquilidad! recomendada por el alcalde fuese sustituida por la sermoneada ¡resignación! De mosén Jacinto, “Manolito” tomo la decisión de hacer “algo”.

Y dado que en el pueblo ya existían precedentes al respecto, éste, tras previo consejo familiar con la Angelines su madre, jornalera del campo, la mujer que al cabo de un “porrón” de años de trabajar la tierra para los demás sentía vértigo si miraba al cielo, decidió pasar a engrosar el número de españoles ya residentes en Alemania.

El día que tuvo en su poder “tos” los papeles, tramitados gentilmente por el Instituto Nacional de Emigración, su madre le puso en una maleta que el padre en vida había usado para criar gusanos de seda un pantalón de pana, dos mudas, tres pares de calcetines de los de hilo gordo y cuatro paquetes de Celta sin filtro.

Y después de recordarle lo mucho que había tenido que sacrificarse hasta verle convertido en un “maromo” de bien le colgó al cuello un sudado escapulario del Sagrado Corazón de Jesús, por una cara, y la Pilarica por la otra. Y “hala”, hijo ya me mandarás perras.

Y “Manolito” se fue a la capital, donde tomando un tren que ya estaba”cargado” de

Otros muchos “manolitos” como él se los sacudió de encima (del tren se sobreentiende) a todos en Alemania.

Ya en Alemania, nuestro mozo empezó a trabajar en una fábrica de cemento, en donde a diario tenia que soportar más peso sobre sus hombros, -en la carga y descarga de sacos- que pisotones una colilla a la salida de un partido de fútbol.

En la fábrica trabajaban desde hacia tres años cuatro españoles que por no ser menos que los del resto de Alemania, se llevaban entre ellos “a matar”. Y eso que compartían

hasta la misma barraca, a la que también fue “Manolito” a vivir por disponerlo el dueño de la fábrica, un alemán tan religioso que hasta encima de la caja de caudales tenia un Cristo “colgado”, hecho éste que en nada le impedía cobrarles cincuenta marcos al mes a cada uno de ellos por cohabitar en la misma.

Las discrepancias de aquellos españoles partían de sus distintas ideologías nutridas por los distintos medios de información que llegaban hasta ellos: los unos lo hacían a través de Radio München una emisora de tendencia de izquierdas y los otros por la presa que desde España se recibía Y como es natural era la prensa franquista.

Manolito no tomó partido por ninguno de ellos, pero prestaba gran atención a todo cuanto decían sus compañeros de barraca en aquellas sus interminables polémicas en que se enzarzaban tan pronto terminaban sus agotadoras jornadas de trabajo diario:

-¿Qué libertades había antes en España?.-

Gritaba colérico Ramón.

“Yo te diré qué libertades eran ésas”.

Proseguía enfático.

“La que el patrono te podía poner de “patitas en la calle” cuando le salia de los “cataplines”.

La que los sindicatos te mandaban a pasar hambre, mientras tus dirigentes en nombre de los trabajadores arrasaban las tiendas de comestibles requisando chorizos y jamones.

Y como libertad de libertades, la quema de iglesias, que había individuo que cobraba a diez duros el Santo “socarraó”.

Y hoy a pesar de que no lo queráis reconocer algunos, en España existen unas sólidas garantías sociales.-

-“!Rediós, garantías sociales!.-

Contrarrestaba Manuel, que era un empedernido humorista.

-“ Tengo un primo hermano que recién terminada la guerra de España le dio sin querer un codazo a un guardia Civil al subir a un tranvía en marcha y del “hostión” que le arreo el guardia Civil lleva desde entonces la mandíbula atada con un alambre.

Y no hay película de risa que entre a ver en la que no termine buscado el alambre por el suelo.-“

-“ ¡Pero mira que sois “merluzos!”.

Atajaba, contundente, Juan.

“? Que leche nos importa a nosotros lo de allá “abajo”. Nuestros problemas sociales los tenemos ¡aquí!, entre esta “gente”. Por eso, cuando a uno le duele una muela, de nada le sirve liarse una vende al tobillo.-

Isidro, que era el “quinielista” de la barraca, coreaba, jocoso:

-“ Di que si “ macho” que los partidos hay que ganarlos fuera de casa.,,.”

En de aquel “fraternal” ambiente, Manolito fue haciéndose emigrante y los otros acabaron por acostumbrase a su mutismo, ya que Manolito no desplegaba los labios en estos debates más que para aplicarlos al “cogote” de la botella de cerveza.

Pero un sábado por la noche, en que la “cosa” presagiaba llegar a las manos, Manolito ante el asombro de todos, pidió la palabra; y con voz tranquila y serena expuso:

-“Presumiendo de lo que creéis que sois: socialistas, falangistas, o republicanos, no habéis caído en la cuenta de lo que por encima de todo somos.

Y respecto a ello quiero leer una “especie” de verso que ritmado a “punta de oreja” que dice así:

¿Me conoces¿.

Para unos soy una cifra;

Para otros, herramienta.

Y en el seno de mi hogar,

El pan con que se alimentan.

Encuadrado entre tarjetas

Perforadas y de compiuta

Soy sembrador de mil fortunas

y recolector de virutas.

¿Me conoces¿ ¡Soy tu hermano!.

Peregrinos y caminantes

por las estepas de Europa

Que van vendiendo sus manos

porque sus almas importan.

Fuera de la barraca, el frió de la noche ponía zancadillas de hielo al caminar de la noche. Mas dentro, un hermanado “calor” levantaba barreras en los hostigados pechos de aquellos cuatro hombres.

Y a partir de aquel día, en aquella barraca, los de la prensa nacional escucharon Radio München y los de la radio leyeron la prensa nacional. Y sin dejar de ser cada uno lo que era, empezaron a respetarse mutuamente. Que como principio de todos los principios no esta nada mal.

FIN Simeón Valtueña Marcellan